¿Dónde estoy? ¡Cómo me duele la cabeza! – Fue lo primero que dije al abrir los ojos. Apenas los abrí los moví para echar un vistazo de donde me encontraba y sentí como un martillazo en mi cabeza; como nunca, cada movimiento era más doloroso que el anterior. Era una sensación como si mi cerebro chocara con el cráneo por cada movimiento pequeño que realizaba. De inmediato me acorde de Jorge, y de estar afuera de una botillería recriminándole por gastar mi dinero en una botella de ron denigrante - ¡Jorge de mierda! - Fue mi tercera palabra, con una voz ronca y con tono bajo. La Luz pegaba en mi cara y no me dejaba ver, todo seguía borroso, luego me di cuenta de que estaba en el suelo y solo tenía puesto mis bóxer y la polera, un desastre. Nada olía bien, nada me parecía conocido. Me trato de levantar con mucho cuidado, tratando de que mi cabeza no se mueva tanto y me siento en el suelo con los pies estirados, mire a ambos lados y solo hay una cama a mi derecha y en el otro lado una muralla de color celeste, tuve la impresión que era la pieza de una mujer, en la cama había un bulto; todo parecía que ayer había conocido a una chica y que todo esta pesadilla se ponía color de rosa. Pero aun así, algo no calzaba, no entendía porque no lograba recordar nada después de estar en la botillería y ¡qué hacía ahí!, trato de hacer memoria y solo recuerdo aquella botillería, el ron y al maldito Jorge, e incluso hasta aquellos recuerdos eran vagos.
No suelo beber alcohol y nunca había quedado así, si bebo solo lo hago por hechos importantes. Para entender lo que pasaba la única alternativa era buscar mis pantalones, salir de aquí y llamar a Jorge. Por lo que me levante y claramente, me di cuenta de que el bulto era una persona durmiendo, pero estaba tapada entera, así que trate de no despertarla, para no tener que enfrentarme a una situación embarazosa. Luego de echar un vistazo encontré los famosos pantalones. Al encontrar mi celular veo varias llamadas perdidas de números desconocidos y ninguna de Jorge, lo que me pareció extraño, también me llego un mensaje de voz, el mensaje decía lo siguiente “Lo pase estupendo anoche, espero verte de nuevo, llámame” - ¡Excelente, ayer jugué en partida doble! – me dije, en son de subirme el ánimo, lamentablemente no me acordaba de nada. Llame a Jorge para que me cuente un poco el asunto, pero me respondió un tipo, diciéndome que este celular estaba votado en las afuera de la iglesia, lo que me pareció extraño y corte repentinamente. Jorge siempre había sido cuidadoso con sus cosas. Luego de eso, se me ocurrió la peor idea de todas; nunca me había ido tan bien con las mujeres y quería ver si valía la pena recordarlo o no, así que moví levemente la frazada y ¡Errores! No lo podía creer, era un tipo de unos 28, acostado; en la cama en la pieza donde estaba. Al ver la situación me dieron ganas de vomitar y con los pantalones puestos, pesque mis zapatos y chaqueta y salí de la habitación. Peor fue mi impresión cuando vi a mas tipos tirados en los sillones, todos durmiendo y con clara resaca; recién en esa ocasión me di cuenta de que estaba en un departamento; en ese momento sale una mujer semidesnuda del baño, y me llama por mi nombre y dice – Sebastián, el pequeño perdido – Mi cara se desconfiguro aun más, no entendía nada, paralizado solo atine a preguntarle de donde me conocía, que no recordaba nada. Ella se enterneció, me dio un abrazo y solo me dijo – Anda, se fuerte y sigue buscando a tu amigo, ayer fue una noche alocada y con todo lo que te tiraste, es normal que no recuerdes nada – se dio media vuelta y antes de que le pudiera decir algo, tomo su abrigo y se fue. Volví a buscar mi celular, pero en el bolsillo equivocado y me percate de un papel, que antes no lo había notado. Aquel papel salía – Sebastián, lo siento, pero esto lo tengo que hacer solo, gracias por darme la fuerza. Un abrazo, hasta siempre. Jorge- ¿Qué significaba esto? - Luego tuve mi segundo recuerdo y solo corrí.
La noche anterior todo empezó con el llamado de Jorge, afuera de la casa de su reciente ex novia, el último paso antes de emprender un viaje inolvidable. Yo no tenía ganas de salir y menos de celebrar, aun sentía pena por haber terminado con mi novia y saber que este viaje significaba alejarme de todo. Pero la determinación de él por celebrar a más no poder antes de despedirnos de todo, me hizo pensar en dejar mis ataduras por una noche y le hice caso. Le pedí que comprara un trago en la botillería que nos abrigo en nuestros primeros pasos. Al llegar me tenia de regalo el primer trago que nos tomamos juntos y nos fuimos a las escaleras donde fue nuestra primera borrachera. Ahí hablamos de la vida, de lo que esperábamos del viaje que íbamos a emprender y cuando ya no quedaba mucho ron, le pregunte cual era el lugar indicado para partir. Estuvimos caminando por toda la ciudad riéndonos de los lugares, jugando con que ese lugar significaría nuestra muerte, la muerte de cómo los demás conocen a Sebastián y Jorge. En eso, vimos la catedral iluminada por las luces de la noche, de inmediato decidimos que era ahí el lugar de partida. Después de eso, fuimos a buscar mujeres a un bar, yo soy pésimo con ellas, pero estaba en una parada de éxtasis tal, que no me importaba nada, en eso yo con una mujer guapísima bailando veo a Jorge que me sonríe, se toma su ultima cerveza y desaparece sin antes decirme, - búscame en una hora en la catedral - Sabía que partíamos a las 3 de la mañana, por lo que no me preocupe, fui a dejar a la mina a su casa y me fui a la catedral. Yo estaba ahí a la hora, lo llame, llame a su ex novia y nada, ninguna señal de él. Luego fui al bar en donde estábamos y me encontré con gente que lo habían visto hace muy poco, me contaron que estuvo ahí y que hablaba algo de cumplir con su misión; que todavía le faltaban cosas por hacer, pero que no le entendían bien. No se me ocurría que le pudo faltar, además mi estado de borrachera me impidió seguir buscando, por lo que los muchachos con quien estaban me llevaron a su casa donde proseguí la fiesta y yo, en toda la noche no deje de mencionar mi viaje y mi amigo perdido.
Hace tres noches atrás me había juntado con Jorge en mi subterráneo, a ambos cansados de la vida que llevábamos, solo queríamos dejar todo e irnos a vivir la vida al límite, sin dinero, viviendo de lo que el camino nos brindara; por lo menos esa era mi idea, pero percate de que Jorge tenía intenciones más extremas, cuando yo le comentaba que quería emprender una aventura extrema e exigir mi cuerpo al límite en un viaje al sur de Chile donde nos encontraríamos con nuestro verdadero yo, el me respondía muy entusiasmado – ¡Sí!, vamos, vamos a morir al sur – Yo supuse que “morir” era una metáfora, lo consentí y le explicaba que si la muerte nos llegaba habría que aceptarla, pero el viaje no tenía la intención de matarnos, al menos no era mi intención. Esa noche nos armamos de valor y como nunca pensé que tenía los cojones de despojarme de todo, planeamos terminar con nuestras respectivas novias y deshacer todo apego. Jorge tenía problemas familiares y para él esta idea le fascinaba, estaba muy motivado. Para mí era más un capricho; una búsqueda, pero esa noche estaba destinada a cambiar nuestras vidas. Mientras planeábamos cómo hacer para irnos sin despedirnos, cerrando todos los capítulos, él me hizo una pregunta que me quedo grabada. Me pregunto como deseaba morir y yo solo atine a responderle, que la muerte era parte de la vida y que vivo para estar preparado para morir, asique cualquier momento era el indicado. Al devolverle la pregunta, su respuesta fue desorbitante; me conto que si pudiera elegir, se suicidaría en son de protesta, siendo vistos por todos. Solo así su muerte no sería en vano, que con su vida pudiera cambiar algo del mundo en que vivimos, para él era satisfactorio. Después de aquella declaración, cambie el tema rotundamente y no volví hablar del tema, hasta más adelante, cuando sin darme cuenta, le pregunte sobre el lugar de partida.